© Copyright Pf Ediciones. Queda completamente prohibida la reproducción total o parcial de imágenes o contenidos de esta web.    30 de julio de 2010
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Confidentes

El sentir de la palabra

Por Rocío Alcántara López
Última actualización 25/02/2010@12:04:32 GMT+1

Poseedor de una amplia trayectoria en la que ha publicado numerosas obras de ensayo, novela y teatro, y autor del último Premio Planeta La Hermandad de la buena suerte, Fernando Savater es para muchos la voz de quienes se han quedado en el camino en su lucha por la libertad y los derechos humanos. En un momento de aparente tranquilidad, nos concedió una entrevista en la que quiso compartir con nosotros reflexiones sobre la política, sus pasiones y su deseo de seguir soñando lejos de la ambición y cerca de la poesía.

Filósofo, escritor, profesor de Universidad, autor sumamente prolífico… A pesar de todo esto, ¿no le da a veces la sensación que el nombre de Fernando Savater sólo se vincula en los últimos tiempos a cuestiones políticas?
Desgraciadamente, a veces sí tengo esa sensación. No todo el mundo puede leer filosofía o ensayos, ni siquiera en ocasiones los periódicos, así es que la gente se queda con las apariciones que uno pueda tener en el ámbito político o televisivo, que quizás es lo único que a mucha gente le importa. Es cierto que si tomas parte en algo de estas características debes asumir el riesgo de que surjan malentendidos, pero yo he hecho más cosas en mi vida que pertenecer a un partido político.

Su deseo de acercar la ética y la filosofía a los jóvenes le ha llevado a escribir obras tan conocidas por todos como Ética para Amador, uno de los títulos más leídos de filosofía, Política para Amador o Las preguntas de la vida ¿Cree que las generaciones más jóvenes entienden la verdadera importancia de estas disciplinas o para ellas son simplemente un mero trámite de los planes de estudio?
Supongo que ocurren ambas cosas. A lo largo de los años he conocido a muchos jóvenes que de manera instintiva se hacen las preguntas básicas de la filosofía como qué es la muerte, qué es la verdad, la libertad, etc. Poco a poco se dan cuenta de que la filosofía es algo importante. Sin embargo, muchos otros simplemente se limitan a cursar la asignatura dándole la misma importancia que al resto. No sé si es sólo culpa suya o si la pelota está quizás en el tejado de quienes tenemos que enseñársela.

Otro de los temas por los que siente verdadero interés es la educación. Usted ha apoyado abiertamente la idea de la reinvención de la sociedad a través de mecanismos educativos ¿Qué papel desempeñan en este contexto la familia y las instituciones educativas?
Soy absolutamente partidario de la educación, si bien no tanto de la reinvención de la sociedad como tal. Creo que la sociedad está creada y no pretendo inventar otra, aunque sí me gustaría mejorar la que tenemos con la ayuda de la educación. Además de la educación académica basada en conocimientos científicos, los individuos necesitan un aprendizaje en valores, en respeto, en comportamiento, etc. Y para esto la familia es fundamental. Si uno tiene la suerte de contar con unos padres, o personas responsables, que posean una serie de principios morales y cívicos su enriquecimiento como persona va a ser muy importante. Lo que ocurre es que nosotros no podemos garantizar que todas las familias tengan estas características, ni que sean buenos educadores ni buenos ámbitos para educar. Ésta es la razón principal por la que es necesario que las instituciones públicas garanticen una educación académica.

En numerosas ocasiones los medios de comunicación, sobre todo la televisión, son acusados abiertamente de ser generadores de violencia. ¿Qué opinión le merece tal consideración?
Considero que lo que realmente genera violencia es que muchos niños y jóvenes pasen largas horas delante de la televisión sin otro tipo de alternativa y sin compañía. No creo que la televisión por sí misma genere violencia, es decir, el hecho de que veamos actos violentos no significa que vayamos a comportarnos así. No estamos ante un mecanismo hipnótico tan directo. Hoy en día, las televisiones son conscientes de que poseen una gran capacidad educativa que podrían desarrollar y que hay determinados programas que no deberían emitir a ciertas horas. Sin embargo, no creo que sea ella la culpable de los males de nuestro mundo.

Sumerjámonos un poco en política. Usted es promotor, junto a Rosa Díez, de Unión Progreso y Democracia, una nueva fuerza política que lucha por la libertad y la igualdad efectiva entre los ciudadanos españoles con independencia de sus ideas, lugar de residencia o lengua materna. ¿Considera que el ‘bipartidimos imperfecto’ existente en España perjudica realmente nuestro desarrollo?
Lo que perjudica sobre todo es la posibilidad de que los ciudadanos tengan opciones políticas más ricas de las que se les ofrecen. Es decir, es incierto que unos obligatoriamente tengan que adherirse al programa encabezado por Rajoy y otros al de Zapatero. Hay otras iniciativas que toman elementos positivos de ambos lados e incluso intentan propuestas novedosas. Sólo se trata de diversificar la elección y no reducirla a un menú cada vez más único.

Viajemos a sus raíces sólo por un instante: el País Vasco. ¿No ha sentido alguna vez que defender la libertad de sus paisanos le ha llevado a ver mermada la suya al tener que llevar guardaespaldas por seguridad?
No, porque creo que a libertad es algo que se utiliza. Y yo he hecho lo propio con la mía en determinadas luchas cívicas. Cuando uno decide enfrentarse a algunas cuestiones debe ser consciente de que puede recibir amenazas de todo tipo. Por ejemplo, durante la época de Franco luché contra la Dictadura y el querer emplear mi libertad a mi antojo me llevó a la cárcel. Yo no he buscado consecuencias negativas en mi lucha contra el terrorismo, que realmente pueden caer sobre todos los que luchamos por la paz.

Fernando SavaterDicen que ‘el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla’ ¿Cree que España ha olvidado algunos de los capítulos vividos en épocas pasadas?
No creo que realmente haya olvidado la historia que aparece en los libros, sino que a veces uno se acostumbra demasiado pronto a lo bueno y los males pasados son vistos como algo que jamás van a repetirse. España ha sufrido enfrentamientos civiles muy largos y muy profundos y parece que una vez que se han superado todos podemos ir en cualquier dirección sin importarnos lo que piensen los demás. Hemos de tener en cuenta que vivimos en un país de enfrentamientos muy grandes y que cualquier actitud que se tome desde el punto de vista político debe sopesarse porque no se puede pasar por encima de los deseos del resto de la población.

¿Qué significa escribir para Fernando Savater?
Para mí es una forma de lo que llaman crear o expresar. A lo que verdaderamente concedo importancia es a la lectura. Ante todo me considero un lector y la actividad más placentera de mi vida es leer. La escritura es, en cierto modo, una forma de devolverle el favor a quien ha escrito antes que tú. Es una tradición con la que he disfrutado mucho y por qué no hacer que otros también lo hagan. De todas formas, la escritura tiene más que ver con el hecho de ganarme la vida y la lectura con el placer.

¿Cuál es el perfil del lector de Fernando Savater?
Habrá de todo porque, para bien o para mal, he escrito muchas cosas y muy distintas a lo largo de mi vida: narraciones, teatro, ensayo, política, filosofía, literatura, etc. Quiero pensar que mi lector es una persona curiosa, racional, con sentido del humor, interesada por las cuestiones importantes que puedo plantear y con la paciencia suficiente como para pasar por alto mis imperfecciones. Me gusta pensar que mis lectores me utilizan como trampolín para luego meterse de lleno con libros más dignos de ser leídos que los míos.

Y Fernando Savater, ¿qué tipo de lector es?
Omnívoro. A lo largo de mi vida he sido un lector demasiado amplio, leía cualquier cosa. Ahora el paso de los años y la pérdida de facultades me hacen ser más selectivo y ya no me atrevo con cualquier cosa que cae en mis manos, exijo un poco más. En general creo que de la misma manera que a alguien que le gusta comer disfruta con todo, a alguien a quien le gusta leer también siente placer al leerlo todo.

Con su recién galardonada La Hermandad de la buena suerte retoma un tema, el de los caballos, en el que ya nos había sumergido con A caballo entre milenios ¿Cómo surge la idea de transportarnos de nuevo a este mundo?
Los libros anteriores sobre caballos no eran de ficción, sino que hablaban de las carreras de caballos que había presenciado, una afición que poseo hace más de medio siglo. El primer título que escribí sobre este tema fue El juego de los caballos, que he ido aumentando a lo largo de estos años con nuevas entregas; y después vendría A caballo entre milenios, una especie de diario del año 2000 en el que recojo las carreras de caballos en las que he estado en los diferentes países que he visitado. Como en estas dos obras hago una labor más de crónica, de ensayística, con La Hermandad de la buena suerte me he decidido a abordar el tema desde el terreno de la ficción. Aunque en este sentido ya había hecho pequeñas cosas con anterioridad, como el cuento Antonio y Cleopatra, que está incluido en El juego de los caballos, o la narración infantil Rienda suelta; ahora planteo una novela sobre las carreras de caballos impregnada, por decirlo de alguna manera, de tintes más dramáticos.


¿Qué le gustaría que aprendiésemos al leer La Hermandad de la buena suerte?
Deseo que la gente se entretenga y se lo pase bien. Pero que sea un entretenimiento inteligente, no embrutecedor. Me gustaría que la lectura de la obra fuese capaz de hacer reflexionar, de abrir perspectivas y, en último término, de conseguir que todo aquél que no haya pisado nunca un hipódromo de pronto sienta la necesidad de hacerlo.

Fernando SavaterEn 1993 ya tocó con los dedos el Premio Planeta al conseguir ser finalista con El jardín de las dudas. Quince años después consigue hacerse, al fin, con el galardón. ¿Cuáles fueron las primeras sensaciones al saberse ganador? ¿Siente que es la recompensa por su valiosa aportación al mundo de la literatura?
Llevaba un par de años dándole vueltas a la novela y haber conseguido finalmente el galardón ha sido una satisfacción. Para escribirla he tenido que sacar tiempo de donde no lo tenía porque ha sido un período de mi vida muy agitado en el terreno político y profesional. Me costaba encontrar ratos tranquilos para trabajar en ella como yo deseaba hacerlo. Ganar el Premio Planeta es una recompensa y una muestra de que el esfuerzo ha valido la pena. Es algo muy agradable.

Ha formado parte de varias agrupaciones comprometidas con la paz y en contra del terrorismo en el País Vasco, entre las que se encontraba ¡Basta Ya!. Nos gustaría que nos hablase sobre las razones que propiciaron el nacimiento de esta plataforma y los proyectos en los que trabajaron
¡Basta Ya! tuvo su momento. Empezamos a funcionar en el año 2000 y permanecimos activos aproximadamente hace un año y medio. Era una plataforma cívica con el objetivo claro de realizar actos de acción democrática de apoyo al Estatuto Vasco y a la Constitución, en los que naturalmente rechazábamos el terrorismo y, sobre todo, el nacionalismo obligatorio, que es el que se trata de imponer en el País Vasco. Llegó un momento en el que la asociación se empezó a diluir un poco y algunos de nosotros pensamos que para continuar con las actividades que realizábamos hasta el momento lo mejor era formar un partido político. Y ése es el nacimiento de UPyD, Unión Progreso y Democracia.

La plataforma Basta Ya recibió en el año 2000 el premio Sajarov para la Libertad de Conciencia en el Parlamento Europeo ¿Qué galardón le ha generado mayor satisfacción: éste o el Planeta que acaba de recibir?
Me gustó más el premio que nos concedió el Parlamento porque era el reconocimiento al trabajo de un grupo de personas que habíamos luchado mucho y que lo habíamos pasado mal porque vimos como algunos de los que comenzaron con nosotros habían sido asesinados en el camino. Fue un reconocimiento al esfuerzo y un impulso para continuar. Los otros galardones son algo más particular, más vanidosos. El premio Sakarov fue evidentemente el más importante.

Hace poco tuvimos la ocasión de hablar con Antonio Gala sobre su última novela y otras reflexiones sobre su vida como escritor. Como uno de los adjudicatarios del Premio Planeta, le preguntamos sobre una cuestión que ha ocupado recientemente las páginas de los periódicos. Nos referimos a las declaraciones de Luis María Anson en las que se postulaba que el Premio Planeta no era más que una farsa al ser conocido el premiado, tanto por el Jurado como por los candidatos, antes de hacerse pública la decisión final. Como último galardonado, ¿tiene algo que decir al respecto?
Eso es algo que se viene diciendo desde hace más de medio siglo. Todos los años surge la cuestión y, en esta ocasión, lo ha hecho de la mano de Luis María Anson, especialista en derribar puertas abiertas. Cada año el número de escritores que se presentan al Premio Planeta es más elevado y la nómina de quienes lo han ganado incluye algunos de los nombres más interesantes de la historia reciente de la literatura española. Todos los premios tienen algo de juego y algo de aceptar alguna que otra convención, unos en un sentido y otros en otro; y el Planeta no es una excepción. A estas alturas pienso que no hay nadie que crea que su concesión es una especia de lotería a ciegas, es decir, se presenta mucha gente y es probable que haya unas opciones más privilegiadas. No creo que eso sea una novedad que invalide ni mucho menos el Premio.

¿Le queda algún sueño por cumplir a Fernando Savater?
Muchos. Los sueños están para eso, para no cumplirse, para verlos. Sería aburridísimo que uno no tuviera con qué soñar. Yo todavía lo hago con muchas cosas. Sí es cierto que los sueños van disminuyendo su tamaño. Ahora deseas vivir un día más, conocer algo nuevo, leer otro libro más interesante, ver otro caballo ganador en una carrera… Quizás van perdiendo ambición y van ganando poesía.

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