¿Estás agobiada por las tensiones del trabajo? ¿Llegas a casa y no te queda ni un minuto libre para ti? ¿Te irritas con facilidad? ¿Tienes problemas para dormir? No permitas que el ritmo frenético de cada día te provoque esa sensación de desasosiego y nerviosismo que eres incapaz de dejar atrás, incluso, los fines de semana. Intenta vivir tranquila y positivamente y, sobre todo, detente a reflexionar qué es lo que realmente te importa.
Por increíble que parezca, la palabra stress comenzó a usarse en Física, y no fue hasta los años treinta cuando Hans Seyle empieza a emplearla para referirse a las circunstancias y acontecimientos que influyen sobre una persona haciéndola reaccionar de las formas más diversas posibles. Cuando se produce una situación de estrés, el cerebro envía señales químicas que activan la secreción de hormonas en la glándula suprarrenal. Éstas inician una reacción en cadena en el organismo: el corazón late más rápido y la presión arterial sube; la sangre es desviada de los intestinos a los músculos para huir del peligro; y el nivel de insulina aumenta para permitir que el cuerpo genere más energía. Por lo tanto, vemos como el estrés es, simplemente, un fenómeno fisiológico normal. Estas reacciones negativas no son dañinas, porque en realidad nos permiten defendernos del peligro. Sin embargo, el estrés negativo o distrés, que aparece cuando el organismo se siente incapaz tanto de adaptarse a la situación que lo rodea como de dar respuestas acordes con lo que se le está exigiendo, sí puede hacernos mucho daño. Cuando esto ocurre, comenzamos a sentir una activación y ansiedad desmesurada, acompañada de una clara incapacidad para centrarnos en las tareas propias de nuestro quehacer diario.
El estrés prolongado puede causar enfermedades cardiovasculares, artritis reumatoide, migraña, calvicie, asma, alteraciones nerviosas, alteraciones en la piel, irregularidades menstruales, colitis, diabetes o dolores de espalda.
El estrés en la empresaDesde hace más de dos décadas, varios estudios demuestran que un entorno especialmente relacionado con el estrés es el lugar de trabajo. La razón es evidente. Las empresas son escenarios donde se produce una tensión clara al tener que conseguir alcanzar determinados resultados con recursos, en la mayoría de los casos, limitados. Por lo tanto, existe una gran presión sobre los empleados, directivos y empresarios para dedicar más tiempo y dinero con el objetivo de conseguir beneficios, tomar decisiones, innovar, etc.
La comunidad empresarial reacciona de manera muy dispar ante la presión diaria. Por ello, las instituciones públicas y las empresas más avanzadas han decidido poner solución a este fenómeno y hoy trabajan para conseguir técnicas de trabajo más participativas con la ayuda de expertos externos a la empresa (figura del coaching empresarial) y que van encaminadas a conseguir que los trabajadores sean capaces de controlar su entorno, reducir el estrés y, en definitiva, trabajar más eficazmente.
Sin embargo, no debemos caer en un error y limitar el estrés en la empresa a las presiones humanas. Tu entorno laboral tiene efectos sobre tu salud y tu mente. Un lugar agradable para trabajar aumenta el rendimiento, la creatividad, la claridad a la hora de tomar ideas, etc. Pero, ¿qué podemos hacer para conseguirlo? El Feng Shui es un arte chino que nos va a ser de gran ayuda. Para empezar, es importante que coloques flores o plantas cerca de tu mesa de trabajo, que atraerán el éxito y la prosperidad. Además, debes evitar ambientes oscuros o llenos de objetos. También es sumamente importante reducir el desorden de tu mesa de trabajo, ya que así no tendrás la sensación de tener excesivas cuestiones atrasadas. Tampoco cuelgues cuadros de animales salvajes porque amedrentan tu personalidad. Por último, emplea una luz suave sobre tu mesa de trabajo, te permitirá relajarte y que fluyan mejor las ideas.
Después de estas recomendaciones, tú debes poner el resto. Aquéllos que ya se han decantado por este arte milenario no han acabado decepcionados y aseguran que les ha llevado a entender que se puede vivir en armonía con uno mismo y con los demás. El resultado: una amplia sensación de bienestar y alegría generalizada que nos ayuda a rendir más en el trabajo, sentirnos más cómodos y reducir el estrés.
¡Cuidado con la dieta!El estrés no sólo puede provocarnos todo lo descrito anteriormente, sino que puede llegar a ocasionarnos importantes desequilibrios alimenticios que nos hagan comer compulsivamente cualquier tipo de comida, ocasionando un evidente aumento de peso. El motivo es muy simple: al sufrir estrés se eleva la producción de una hormona llamada Cortisol que nos afecta produciendo una reducción en el metabolismo y, por ende, un incremento de peso. El Cortisol aumenta considerablemente los niveles de insulina, hecho que nos despierta un gran apetito sobre todo por sustancias dulces y grasas, por lo que comenzamos con lo que se denomina como ‘alimentación hedonista’, repleta de calorías.
Paso a paso Aunque pueda parecer lo contrario, el estrés no aparece en nuestras vidas de forma repentina. Numerosos expertos coinciden en señalar la existencia de tres fases fundamentales a la hora de detectar el trastorno. Tomo buena nota y examínate:
- Fase de alarma: en ocasiones, al enfrentarnos a nuevas situaciones nuestro cerebro analiza todo lo que nos rodea y si entiende que no disponemos de energía suficiente para responder a los estímulos, envía órdenes para que el organismo libere adrenalina. El cuerpo responde entonces aumentando la frecuencia cardiaca, la tensión arterial, etc.
- Fase de resistencia: en este estadio, el individuo se mantiene activo mientras dura la estimulación y, aunque aparecen los primeros síntomas de cansancio, sigue respondiendo de forma normal. Cuando la situación estresante cesa, el organismo vuelve a la normalidad
- Fase de agotamiento: si los estímulos que generan el estrés no disminuyen, el organismo acaba por caer en un intenso agotamiento. Comienzan a aparece entonces problemas físicos y psíquicos. Según Seyle, “el estrés se convierte en peligroso cuando aparece con frecuencia, se prolonga de mono inusual o se concentra en un órgano del cuerpo”.
Evitarlo, es posibleEl ritmo de vida, las obligaciones, las preocupaciones… y el sinfín de cosas que se acumulan en nuestra mente puede provocar que, en ocasiones, creamos que de forma irremediable estamos condenados a sufrir estrés. A pesar de esto, existe una serie de recomendaciones básicas que todas podemos seguir para evitar que se cuele en nuestras vidas. Éstas son las más importantes:
- Duerme lo necesario. Olvídate de que la cantidad es lo importante y céntrate en la calidad, es decir, no es tan importante que duermas ocho horas como que en el tiempo que lo hagas se den las condiciones propicias para que el sueño sea algo reparador. Has de sentirte descansada cuando te levantes de la cama
- No olvides que el ejercicio físico aporta numerosos beneficios también a nivel psicológico. Facilita el aumento de endorfinas, sustancias que provocan sensaciones placenteras. Te ayudará a liberar tensiones
- Cuida la alimentación. No se trata sólo de llevar una dieta equilibrada, sino de comer con tiempo suficiente
- Practica técnicas de relajación. Debes buscar al menos quince minutos al día para poner en marcha alguna de estas prácticas. La siesta diaria, aunque de forma breve, también puede ser una buena alternativa
- Organízate bien tu tiempo. Las prisas y la acumulación de tareas no te benefician en nada. Dedica a cada cosa el tiempo necesario y, sobre todo, no te olvides de dedicártelo a ti misma
- Separa el trabajo de la vida personal. Intenta dejar los problemas en la oficina y no convertirlos en tu peor lastre al llegar a casa. Piensa siempre que “mañana será otro día”
- Aprende a comunicarte con los demás. Una conversación tranquila con alguien de confianza puede ayudarte a liberar muchas de tus tensiones
- Rompe la monotonía. La rutina puede ocasionar tensión emocional y llega a generar insatisfacción y aburrimiento. Busca cosas diferentes que hacer cada día y escápate algún fin de semana fuera cada vez que se te presente la oportunidad