© Copyright Pf Ediciones. Queda completamente prohibida la reproducción total o parcial de imágenes o contenidos de esta web.    30 de julio de 2010
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Coloquio 10
Por Rocío Alcántara López
Última actualización 21/06/2009@13:44:05 GMT+1
Por dura que pueda parecer la afirmación, la educación en España brilla por su ausencia. Al menos así lo reconoce el archiconocido informe PISA, donde nuestro país ocupa un puesto del que no debería sentirse demasiado orgulloso en lo que a excelencia se refiere, mientras que, se asienta en uno de los primero escalafones al hablar de abandono y fracaso escolar. Lejos de permanecer impasibles ante esta situación, decidimos debatir sobre éstas y otras cuestiones en el marco inigualable del Restaurante Decó.
Lejos de tener que hacer complejas tablas estadísticas o sesudos razonamientos, para entender esta cuestión quizás sea suficiente echar la vista atrás y analizar someramente comportamientos sociales, ciertas leyes y, por qué no decirlo, la poco favorable influencia que los medios de comunicación llevan ejerciendo en determinados aspectos. Hace años que los niños se han convertido en auténticos reyes en sus hogares. Los padres los han acostumbrado a no tener que esforzarse nada para conseguirlo todo. Si el niño aprueba el curso, le compran un móvil de última generación; si contribuye en las tareas domésticas lo premian con algo de dinero; si hace algo mal a veces ni se atreven a recriminarles por miedo a que sientan atacado su honor. Hoy son muchos los progenitores que han dejado de actuar como tal y consideran que descendiendo al escalafón de amigos o colegas van a conseguir un mayor acercamiento a sus hijos. Con esto, lejos de beneficiarles, les han hecho un flaco favor. En el ámbito escolar también han cambiado las cosas. Todo está perfectamente calculado para cumplimentar la ley del mínimo esfuerzo. No se avanza ni en matemáticas ni en ciencia, y los libros han dejado de ser los mejores amigos de los niños. Hoy se fomentan métodos basados en el juego y en la interacción que, aunque no dejamos de reconocerles sus beneficios, poco o nada se asemejan a las enseñanzas universitarias a las que después vayan a enfrentarse. Parece que todo el clima escolar ahora está enfocado a conseguir que el niño no pierda la autoestima y a evitar que conozca que está fracasando escolarmente para que no padezca traumas irreparables.

Sin embargo, y a pesar de la gravedad de la cuestión, no celebramos este Coloquio 10 para intentar solucionar la problemática que se cierne sobre nuestro sistema educativo, aunque, por su puesto, todas las opiniones vertidas al respecto también son interesantes. Queríamos abarcar esta cuestión desde todas las perspectivas de las que cada una de nuestras invitadas formaban parte. Deseábamos conocer todas sus experiencias en esta parcela tan importante para el desarrollo de generaciones futuras a las que no se las pueda tildar de maleducadas.

Trinidad Núñez, Doctora en Psicología y profesora titular de la Universidad de Sevilla de la especialidad de Psicología de la Comunicación, fue la primera en intervenir. Desde su perspectiva como docente de la Facultad de Psicología y de Comunicación, quiso darnos a conocer las principales directrices que un estudiante universitario debe ser capaz de afrontar. “Una de las capacidades que se espera de una persona que está estudiando en la Universidad es que sepa leer. Y la siguiente, que sepa escribir”, señaló. “Lo que se presupone de alguien que se encuentra en este nivel es que sepa defender sus ideas de manera organizada empleando para ello todos los recursos que tenga a su alcance”, puntualizó. Además, Trinidad hizo especial hincapié en la necesidad de que el trabajo se lleve a cabo con disciplina, factor que va a ser especialmente tenido en cuenta en los nuevos planes de Bolonia, que ofrecen un enfoque basado en el esfuerzo que el estudiante tenga que realizar a la hora de conseguir los créditos necesarios para llevar a cabo sus estudios.

“La visión internacional es fundamental”, quiso continuar Trinidad. Para conseguir una amplitud educativa es necesario saber qué está pasando fuera de nuestras fronteras y conseguir ser, al mismo tiempo, personas creativas capaces de manejar las nuevas tecnologías a tenor de nuestras necesidades. “Es preciso contar, además, con una visión ética”, concluyó.

Esther Ojalvo, profesora de inglés del CEIP San Sebastián de Dos Hermanas, también nos enriqueció con su experiencia como docente de primaria. Ella no quiso pasar por alto una de las problemáticas más graves a la que los colegios deben hacer frente: la creciente pérdida de autoridad que los profesores llevan padeciendo desde hace algunos años. Para apoyar esta idea, quiso compartir con nosotros su punto de vista: “Considero que el pilar fundamental de todo colegio es la plantilla de profesores con la que cuente y la buena relación existente entre ellos. Tengo la suerte de trabajar en un centro en el que existe una unión íntegra entre los docentes y el equipo directivo. En estos momentos la educación de los colegios es muy diferente a la existente en épocas anteriores. La figura del profesor ha perdido la importancia de la que ha gozado siempre y es testigo de cómo los derechos del niño prevalecen por encima de todo y de todos”. Tampoco quiso pasar por alto otra de las problemáticas a la que los centros educativos han de hacer frente: las programaciones de las asignaturas. “A veces las editoriales nos mandan muchísimo material del que no podemos hacer uso por falta de tiempo”. Este hecho llevó a Estherhace algún tiempo a afrontar un proyecto que la llena de ilusión: conducir un programa de inglés para niños en la televisión local de Tomares. “Intento ser un apoyo extra a las clases de inglés del colegio utilizando DVD´s, fichas fotocopiables, etc”.

Como gerente de Juguetes Osorno, Maruja Osorno, también quiso ofrecer su punto de vista acerca de un tema tan controvertido como la educación. “Creo que se han perdido los valores a nivel educacional, de esfuerzo y responsabilidad”, comenzó. “En mi empresa somos testigos en numerosas ocasiones de cómo los padres compran juguetes a sus hijos para que no lloren más”. Este hecho es, según Maruja, el punto de partida, en términos generales, de la falta de importancia que se le da a todo en estos momentos. “Vivimos en una época en la que cualquier cosa se sobrevalora”, quiso apuntar.

Ascensión Gómez, Psicóloga, quiso puntualizar la intervención de Maruja apostillando que los padres no sólo son permisivos a la hora de comprar cosas, sino en cuestiones tan delicadas como las salidas, los horarios de llegada, etc. “Desde mi experiencia como psicóloga puedo decir que si bien es cierto que en la mayoría de los adolescentes con problemas la personalidad del individuo es fundamental, el ambiente en el que se desenvuelven no es menos importante”.

“¿No podría ser todo esto un problema ocasionado por el sistema en el que vivimos?”, lanzó Maruja. “Por supuesto”, contestó Ascensión. “Por ello es fundamental enumerar los factores que influyen en la pérdida de calidad que ha sufrido la educación”. En primer lugar Ascensión situó a la Administración, a la que sigue muy de cerca, la propia sociedad que adolece de solidaridad y reconocimiento hacia los profesionales de la educación.

Trinidad no quiso perder la oportunidad de enriquecernos con su aportación. “En mi Tesis Doctoral valoré precisamente la manera en la que los medios de comunicación tratan al profesorado no universitario. Y después de estudiar un periodo de diez años en prensa encontré una desconsideración máxima hacia el gremio”. A la prensa parece no interesarle demasiado lo que pase en el ámbito de la educación, a excepción de huelgas o agresiones. Por ello, Trinidad reclamar que “aunque los profesionales de los medios de comunicación digan que ellos no tienen la misión de enseñar, sí es cierto que desempeñan un papel socializador muy importante”.

Como profesora de enseñanza secundaria de un centro conflictivo de Dos Hermanas, Mª Luisa Hidalgo quiso apuntar que la realidad era muy distinta a la que hasta el momento estaban mostrando las intervenciones de nuestras invitadas. Concretamente quiso hacer mención a la importancia que la familia tenía en la educación de los niños. “En mi centro intentamos mantener una interacción continua con los padres mediante cartas y tutorías. Y lo que nos encontramos es con que los padres no acuden nunca a nuestras llamadas. Lo único que les interesa es que el niño esté recogido desde las ocho de la mañana hasta las tres de la tarde”.

Marta Valcarce, Fiscal de Menores, también quiso puntualizar algunas cosas desde la perspectiva de su profesión. “El concepto educación es muy amplio”, comenzó. “Podemos hablar de educación como formación o podemos hacerlo englobando la ética, el comportamiento, las relaciones sociales, etc.”. Con relación a este segundo aspecto, Marta señaló a la familia como el principal responsable. “Considero que estamos viviendo las consecuencias de una generación que no ha sabido educar a sus hijos en ningún aspecto por diversos condicionantes”. “Ahora mismo existe un sector de población medio-alto que queremos constantemente dar a nuestros hijos todo lo que nosotros hemos tenido. Y para ello dedicamos muchísimo tiempo a estar fuera de casa porque nos parece fundamental que nuestros hijos gocen de lo que nuestros padres, por causas diversas, no pudieron poner a nuestro alcance”. Este hecho, según Marta, ha impulsado a los padres a dejar a sus hijos en manos de otras personas para que los eduquen, bien sean los abuelos, que no están preparados para educar en ese momento de sus vidas; bien sean señoras que te ayudan en casa, que no tiene formación suficiente como para educar ni tampoco es su función. “La rebeldía presente a determinadas edades, sobre todo en la adolescencia, podría evitarse si los padres dedicaran más tiempo a sus hijos”, concluyó Marta. Además, tampoco quiso dejar a un lado la disyuntiva que se crea en el sector de la educación ante la existencia de una enseñanza pública y otra privada. Para ello, esto hace que “en estos momentos haya niños de nuestra sociedad que se estén criando en una serie de valores y niños que se estén criando en otra”.

Myriam Peláez, delegada en Andalucía del área Executive Education de ESIC, nos contó cómo la experiencia educativa de su Escuela de Negocio se basa en un nicho poblacional muy concreto. “Los jóvenes que se acercan a nuestra área universitaria pertenecen a un estatus social muy concreto, que realmente no aporta ningún significado porque en muchas ocasiones vienen igual o peor de maleducados que los procedentes de otros estratos sociales”. Myriam apuntó que el hecho de trabajar en un sector privado no implica que no exista falta de educación hacia los profesores. “Algunos alumnos vienen con grandes inseguridades y chulerías porque los padres piensan que el hecho de pagar presupone tener que aprobar a los niños”.

Llegado a este punto el debate surgió en torno a un tema que, aunque no había salido hasta el momento, estaba latente en todas nosotras: la ‘presunta culpabilidad’ que la mujer ha tenido en el deterioro de la educación en la sociedad. “En último término las mujeres vamos a ser culpadas directamente de esta situación”, apuntaba Myriam. “Y nada más lejos de la realidad”, continuaba. “Muchas de las mujeres de mi generación también han trabajado fuera y realmente esto suponía para nosotras un doble trabajo. Por eso creo que lo importante no es la cantidad de tiempo que los padres pasen con sus hijos, sino la calidad de esos momentos. Hemos de aprender a decir ‘no’, aunque sea una educación más complicada”, concluía. “El tema de la conciliación laboral es una trampa”, lanzaba Trinidad. “Está pensada para que seamos nosotras las únicas las que conciliemos, algo a lo que ya estábamos acostumbradas. Son los hombres los que ahora deberían hacerle frente”.

Mª Luisa quiso plantear otras cuestiones importantes. “El fracaso escolar va a seguir existiendo porque no todos los niños son capaces de asimilar y superar las capacidades exigidas en los planes de estudios actuales”. También aludió al hecho de que la ESO es simplemente una prolongación de la antigua EGB y que esto hace que los niños estén obligados a permanecer en los centros aunque no lo deseen. “El niño que quiera estudiar va a hacerlo”. De forma paralela expuso otro asunto: ¿somos quizás los padres responsables directos de que nuestros hijos tengan tantas cosas?, ¿es necesario que protejamos y acunemos tanto a nuestros hijos? Ante esto, Ascensión se apresuró a responder que querer a los hijos no es incompatible con saber negarle aquellas cosas que nosotros podamos considerar negativas para su desarrollo. “Si en algún momento los padres perdemos el norte, nuestros hijos lo perderán también”, señaló para concluir.

Lidia Herrera, Licenciada en Derecho, intervino en este momento para contarnos su experiencia como docente de Alsima Consultores. Después de impartir clases de formación profesional en formación continua, ocupacional y reglada, Lidia ha llegado a la conclusión de que “lo que ha resultado nefasto para la educación ha sido el exceso de paternalismo por parte de la Administración hacia los niños o adolescentes”. Por otro lado, para ella los medios de comunicación han creado una serie de estereotipos que los jóvenes desean conseguir por encima de todo, mostrando un desprecio absoluto por el esfuerzo. “Cuando le dices que deben repetir algo de lo que han hecho te dicen claramente que no, que ya lo han hecho una vez y que están cansados”. “Creo que como docentes nos encontramos muy desamparados”, puntualizó Mª Luisa.

“El problema fundamental es la falta de autoridad”, expuso Marta. “Estamos ante una cuestión que deriva de que llevamos dos décadas pensando que el principio de autoridad es algo retrógrado. Hemos cometido un error. Esto nos ha llevado a quitarles la autoridad a la policía, a los médicos y a toda figura social necesaria que tenía el deber de imponerse porque pensábamos que era algo fascista”, continuó.

Tras esta intervención, Mª José Flores, directora de la Revista, apeló al sentimiento de culpa que las madres pueden llegar a experimentar cuando sus hijos han cometido alguna falta. “Creo que esto es algo que se produce ante la presión que la sociedad en general ejerce sobre las mujeres trabajadoras”, señaló Lidia. “Pertenezco a una generación en la que todas mis compañeras y yo sabíamos valorar el esfuerzo que realizaban nuestros padres para poder darnos una educación. Hoy los adolescentes ven el esfuerzo desde un punto de vista absolutamente gratuito. Lo que predomina ahora es la cultura del pelotazo”.

Marta quiso compartir con nosotras una reflexión muy importante. “Como madre me plateo muchas veces si no estaré equivocada al criar a mis hijas inculcándoles unos valores determinados porque la sociedad a la que van a tener que enfrentarse nada tiene que ver con ellos”. “Los valores son objetivamente buenos, lo que pasa es que en una sociedad donde no se cumplen, el que lo hace es mirado mal por los demás”. “Uno debe educar a sus hijos enseñándoles aquello que nosotros consideramos adecuado, pero sin dejar de mostrarles al mismo tiempo lo que hay en la sociedad”, apuntaba Ascensión.

Para terminar el Coloquio 10 quisimos que todas las participantes concluyeran con una reflexión:

Para intentar mejorar la situación en la que la educación se encuentra inmersa en estos momentos, Ascensión consideraba que “lo ideal es que se mostrasen a los alumnos las competencias básicas que deben ser capaces de desarrollar una vez terminado su escolaridad obligatoria. Es muy importante que seamos capaces de reducir el fracaso escolar facilitando al máximo el desarrollo personal de cada alumno, fomentando y motivando el deber de estudiar y la importancia del esfuerzo personal”.

Marta, por su parte, volvió a incidir en la necesidad de que los padres pasen más tiempo con sus hijos y en el hecho de que, aludiendo al nivel educativo, rebajar el nivel de exigencia no es la solución para paliar el fracaso escolar. “Es necesario fomentar la cultura del esfuerzo en todos los aspectos sociales”.

Myriam, por su parte, considera que los valores tradicionales deben ser inculcados fundamentalmente por la familia. “Tenemos mucho por hacer pero sin la ayuda de la sociedad es imposible. “Abogo por el respeto a todo el mundo en todos los niveles y por la disciplina unida al cariño”. Mª Luisa y Esther apoyaron la afirmación de Myriam y ésta última quiso incluir que “la actividad del profesor nunca deber ser desvalorizada delante del alumno”. Maruja también quiso incidir en que la familia y los centros educativos deben ir al unísono.

Trinidad nos hizo un interesante resumen de todos los aspectos que habíamos tratado durante el encuentro y quiso afianzar la idea de que “es fundamental exigirle a la clase política un pacto por la educación para que ésta no esté sometida a los vaivenes políticos. No se puede sostener un cambio educativo con cada gobierno. La educación se tiene que enraizar a base de grandes acuerdos, así se evita que no sepamos a dónde vamos y que ni los profesionales ni los estudiantes ni las familias lo sepan”.

Y para terminar, Lidia expuso que quizás todos debiéramos asumir un poco el fracaso y que los mass media se han convertido en la mejor herramienta del Estado para lavar conciencias y crear individuos sin criterios y sin espíritu crítico.
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