© Copyright Pf Ediciones. Queda completamente prohibida la reproducción total o parcial de imágenes o contenidos de esta web.    30 de julio de 2010
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Reportajes

El mantón

Por Rocío Alcántara López
Última actualización 21/06/2009@12:27:33 GMT+1
Tras pisar tierras sevillanas, flores y pájaros andaluces supieron como nadie hacerse un hueco entre pagodas y dragones llegados desde la mismísima China, para hacer las delicias de nobles y plebeyas. El mantón de Manila se convirtió entonces en prenda fetiche de las mujeres de la época pasando a ser, con el paso de los años, un complemento lleno de sofisticación. Hoy, rosas, girasoles y margaritas se bordan sobre finas sedas negras, rojas y marfil para dar forma a uno de los atuendos con mayor sensualidad y elegancia.
Confeccionado originariamente en China, fue Manila, la capital de Filipinas, la que bautizó uno de los complementos por el que la mujer andaluza siente especial predilección: el mantón. El puerto de la isla, colonizado por España en el siglo XVI, era escala obligada para los galeones cargados con preciados productos orientales que llegaban hasta el puerto de Sevilla, pasando primero por México.

Con el paso del tiempo, el mantón fue adaptándose a los gustos españoles –aquí incluso fue donde se le añadieron los flecos- y consiguió convertirse en una prenda habitual del vestir femenino, sobre todo en la capital hispalense, donde era frecuente ver como lo portaban tanto mujeres pertenecientes a las clases más nobles como las cigarreras de Bizet, que utilizaban para bordar los trozos de seda donde venían envueltos los fardos de tabaco. A pesar de que en sus comienzos, el mantón de Manila era una prenda de uso cotidiano con la que protegerse del frío, el tiempo lo ha ido relegando a las grandes ocasiones. Hoy día, la mujer saca el mantón para enriquecer su vestuario, otorgándole un toque elegante, glamouroso y femenino. Es costumbre llevarlo a la Feria y a los toros, pero también se usa en cualquier otro momento especial.

Otros de los usos que solemos darle al mantón en Andalucía, y que no saca de asombros a turistas y curiosos, es el engalanamiento de balcones en fechas muy concretas y especiales. Así, es muy frecuente que durante fiestas como el Corpus Christi los balcones de Sevilla, Granada y otros pueblos de Andalucía, utilicen los mantones como un adorno más para llenar el ambiente de elegancia y colorido.

El más adecuado
El mantón debe ser lo suficientemente grande como para que abarque los dos brazos estirados en cruz. También es importante que no pese demasiado para que puedas moverte sin demasiadas dificultades.

Si quieres comprarte un mantón, el mercado te ofrece muchas posibilidades. Aunque la variedad de colores entre los que elegir ha aumentado en los últimos tiempos, los tonos más frecuentes son el blanco, el negro, el marfil y el rojo. En cuanto a los modelos, puedes elegir entre los tradicionales mantones de macetones y cigarreras, o decantarte por el bordado en negro y marfil y el isabelino, que presenta las esquinas bordadas, mientras que el centro permanece vacío o presenta pequeños ramilletes de flores.

Elegantes diseños
Desde su nacimiento, los diseños han cambiado para dar lugar a diseños impresionantes llenos de colorido y elegancia. Así, podemos incluso considerarlo un lienzo en el que sus autores han conseguido plasmar elementos propios de su cultura. Al llegar a España, las imágenes orientales de Manila supieron fundirse a la perfección con otras más características de Europa. A esta época pertenecen los mantones de figuras chinas, cuyas caras se tallaban sobre una fina placa de marfil que se pegaba a la seda, lo que denota su antigüedad, que puede fecharse alrededor de 1860.

Andalucía, por su parte, sentía y siente predilección por los motivos florales. Así, los mantones de la época se llenaron rápidamente con vistosas rosas de gran tamaño bordadas en vivos colores. La rosa, además, significaba el secreto, y en la simbología cristiana hace referencia a la Pasión de Cristo. Junto a estos se hicieron frecuentes los bordados de margaritas, cuyo significado es la impaciencia; el lirio, que remite a la pureza; o el girasol, que es símbolo de fidelidad. Otros de los motivos florales más empleados fueron, y aún perduran, el pensamiento, el caro y el loto, este último de indudables reminiscencias chinas.

Esta gran variedad de motivos han ido agrupándose en diseños más o menos semejantes, que han terminado por ser denominados en función del bordado más representativo. Así, hay mantones de rosas, de girasoles, de pavos reales… Algunos, por su originalidad, o por su especial significado, han logrado pasar a la historia al margen de las tendencias de cada época. Así, pueden destacarse los mantones de macetón y los de cigarreras. Los primeros, muestran los tradicionales tallos de bambú con canastas repletas de flores de todas las formas y colores. Los segundos, por su parte, reciben el nombre de las trabajadoras de la fábrica de tabaco de Sevilla, quienes utilizaban el mantón como complemento a su vestimenta y lo paseaban bordado casi exclusivamente con grandes rosas y claveles de brillantes colores.

El mantón y el flamenco
¿Quién no se ha dejado alguna vez impresionar por esa escena en la que una bailaora levanta sus brazos envueltos en un hermoso mantón, como si de dos frágiles alas se tratara? Y es que, a pesar de haberse convertido en uno de los complementos más elegantes para toda cena de gala que se precie, el mantón de Manila está fuertemente vinculado al vestuario flamenco. La escuela sevillana ha sido la que más ha apostado por el uso de esta delicada prenda. Así, nombres como los de Pastora Imperio, La Niña de los Peines, La Macarrona o Matilde Coral están fuertemente vinculados con el mantón.

Una de las razones para su uso, es que aporta gran vistosidad tanto al baile como al movimiento de la bailaora, tiene una técnica propia y complicada, sólo apta para las que tengan un gran dominio del baile flamenco. Lo más difícil: saber mover el mantón al compás y hacer que se mueva como si fuera una prolongación del propio cuerpo.

No te lo puedes perder
Coincidiendo con el primer sábado del mes de julio, la localidad cántabra de Ramales de la Victoria celebra la conocida Verbena del Mantón, un concurso de parejas de bailes con pasodobles, tangos y chotis, amenizado por la Banda Municipal de Ramales y el clásico organillo. Esta tradición conmemora el momento en el que los carlistas olvidaron un baúl lleno de mantones en su huida en mayo de 1839, que los soldados de Espartero aprovecharon para repartir entre las jóvenes del pueblo para celebrar su victoria.

Óptima conservación
Un mantón de Manila requiere una serie de cuidados muy concretos para conseguir mantenerlo en perfecto estado durante años:
1.- Lavado: nuca debes lavar el mantón en casa, siempre en la tintorería. En caso contrario, el lavado del mantón deberá ser mano a mano y con agua tibia, ya que no admite temperaturas altas ni centrifugados. En el caso de que aparezca una pequeña mancha, frótala suavemente con un paño bajo el mantón. A continuación, debes planchar el mantón con sumo cuidado
2.- Planchado: plánchalo del revés con la plancha de vapor, así conseguirás realzar el bordado
3.- Conservación: si es nuevo, has de colgar el mantón en una percha tapado con una funda de plástico y, a ser posible, dentro de un armario
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