Reconocida hoy por hoy como una de las grandes maestras del baile flamenco en todas sus modalidades, en 1967 decide fundar su propia escuela de baile ¿Cómo cree que ha evolucionado el flamenco desde ese momento hasta nuestros días?
Todo ha cambiado a velocidad de vértigo. Hoy se estudia mucho, a veces para bien y otras veces sólo para la ‘gran masa social’. Y ése es precisamente el gran error de las artes, en general, y de la danza, en particular.
¿Qué siente al hablar del flamenco?
Nostalgia, impotencia, dolor, tristeza…
¿No hay recuerdos bonitos?
No. El recuerdo del flamenco lo atesoro en mi mente como algo precioso, intocable. Lo que te he dicho antes no es más que el resultado de lo que siento al no poder bailar después de haberlo hecho durante tantos años. Llevo mucho tiempo intentando curarme de esa impotencia y aún no lo he conseguido.
De su escuela ha salido una verdadera estirpe de bailaores y maestros propios del flamenco encabezada por nombres tan importantes como Manuela Carrasco, María Pagés o la Niña de los Cupones ¿Qué opinión le merecen estas nuevas generaciones?
La Niña de los Cupones es posterior a todas. Realmente no me gustaría decir nada sobre ella porque es la primera que me ha negado, algo que me ha hecho sentir muy impotente. Cuando llegó aquí se me planteó la cuestión de cómo podía transmitirle el baile a un niña tan bonita como ella. Entre mi hija y yo conseguimos sacarla adelante con una profesora titulada, luchando mucho por cada paso que daba. Y eso ella no lo reconoce, se deja llevar por la prepotencia. Era una niña con una minusvalía educativa y por ello cuando llegaba un tribunal para examinarla, por ejemplo, ponía todos los decibelios posibles para que sintiera la vibración del suelo y, además, la rodeaba de lo mejor que tenía en la Escuela. Nunca estaba la primera, siempre la colocaba detrás de alguien que no tuviese error alguno. Éramos titanes enfrentándonos a la situación. Por esta razón me dolió tanto que sus compañeros de promoción me llamasen y me dijeran: ¡ahora resulta que no ha estudiado con nosotros! Eso duele mucho.
María Pagés, por su parte, fue mi primera alumna en danza española. Yo aún no tenía la titulación oficial y ya le impartía clases de flamenco y de Albéniz, Falla, Turina, etc. La escuela bolera y la clásica se la daban otros profesores. Y ahí está. Uno nunca debe olvidar lo que le dicen, aunque es obvio que no tienes por qué ser un plagio de tus profesores y que el paso del tiempo es lo que te va dando forma.
Manuela Carrasco es autodidacta, y si le preguntas es lo que te va a decir. Pertenece a esa estirpe indomable y maravillosa, la de los gitanos, a la de vez en cuando había que decirle que era necesario llegar hasta un término medio, a la ética, que es el saber comportarse, tener disciplina en todo. Manuela era un brillante al que simplemente había que buscar los cantos.
¿Cómo debe ser el alumno de la escuela de Matilde Coral?
Ante todo debe tener mucha disciplina y educación tanto fuera como dentro de las tablas.
Dentro del flamenco mientras que hay voces que se alzan partidarias de mantener la tradición, otras muchas abogan desde hace algunos años por las fusiones y mestizajes ¿Considera que el baile flamenco puede evolucionar desde dentro sin tener que recurrir a otros géneros?
Desde dentro es capaz de hacer todo lo que ha hecho durante toda su vida: crear auténticos monstruos. Creo que la fusión no le hace daño al flamenco porque es tan dócil, tan amable, tan buena gente, que lo admite todo y se adapta fácilmente; e incluso sobresale. El flamenco se hace notar dentro de las demás fusiones.
¿Entiende el baile trasgresor que hace, por ejemplo, Joaquín Cortés?
Me encanta y además creo que para hacer ese tipo de baile es necesario ser un gran artista. Y él lo es. Pero no sólo eso, sino que es un estudioso capaz de mezcla la carrera de danza española con el flamenco más puro. De él siempre digo que es el mejor bailarín que ha dado la historia de España, sin excepción.
Y como ‘bailaor’, te diría que cuando realmente quiere hay que rasgarse las vestiduras ante lo que hace, pero se tiene que olvidar un poco del marketing y del dinero.
¿Ocupa el flamenco en estos momentos el lugar que le corresponde dentro del circuito nacional e internacional de danza?
Más que nunca. Creo que hoy no se pueden quejar lo más mínimo. No saben lo que es luchar con un régimen cerrado, totalmente hermético, en el que, para que te hagas una idea, teníamos que ponernos imperdibles en las enaguas para que no se nos viesen las piernas. Hoy las cosas son diferentes. Hay ayudas por parte de los gobiernos. A veces más, otras veces menos, pero ayudas al fin y al cabo. Actualmente el flamenco goza de un gran reconocimiento, se pasea por todo el mundo… Yo he vivido la posguerra y sé lo duras que eran las cosas.
El 28 de febrero de 2001 fue galardonada con la Medalla de Oro de Andalucía en reconocimiento a su labor como conservadora de la escuela sevillana de Baile Andaluza, y en 2007 con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes ¿Se sintió profeta en su tierra? ¿Vio recompensado su esfuerzo y dedicación de todos estos años?
Recibir la Medalla de Oro de Andalucía fue algo realmente grandioso para mí. ¿Sabes por qué? Pues porque todo lo mucho o poco que he ganado en mi vida lo he gastado en Andalucía, mi patrimonio es andaluz, mis hijos se han educado en Andalucía… Me sentí la más grande del mundo.
¿Si me siento recompensada? Creo que es una recompensa justa. A pesar de que eran tiempos muy malos no había un día que no saliese al escenario con mi ropa perfectamente planchada por mí misma, porque ni siquiera podía pagarme las 3.000 pesetas de entonces que costaba planchar una bata de cola almidonada; mis zapatos relucientes como el charol; mi pelo perfectamente peinado, intentaba buscar el mejor elenco para mis actuaciones… Hice sólo lo que debía hacer: hacerlo todo muy bien e impregnarlo todo de tintes puramente andaluces. Sin menospreciar todo lo demás, Andalucía tiene una educación muy diferente, es grande, hermosa; hay que mirar por ella. Y eso fue a lo que me dediqué, a bailar mirando por los intereses de la historia de Andalucía.
La Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes fue algo grandioso porque creo que había mucha gente antes que yo a la que dársela y me eligieron a mí. Lo que sí es cierto es que cuando me la entregaron se equivocaron al leer mi currículum, así es que creo que no sabían muy bien a quién se la estaban otorgando.
Tras más de cuarenta años en la lucha, atravesó, quizás, por uno de los momentos profesionales más duros. En 2004 se quedó sin el reconocimiento oficial de la Consejería de Cultura por faltarle 500 metros cuadrados de espacio, hecho que hizo temer por la continuidad de su escuela ¿En qué situación se encuentra en estos momentos la cuestión?
La situación es la misma que has descrito. Todo está parado. Pero como no tenemos otro medio para vivir y, gracias a Dios, la gente no nos falla, el dinero no falta para ninguno de los siete profesores de la Escuela. Aunque mi hija se empeña cada mes en darme algo, no quiero nada. Mi marido y yo vivimos bien con la paga que tenemos, por la que hemos trabajado toda nuestra vida. No necesito más. Pero desgraciadamente sigo en las mismas condiciones y creo que me moriré sin ver terminada mi obra. Lo único que pido son esos 1.000 metros y que me Escuela vuelva a ser la misma que era con mis 20 ó 30 alumnos becados de los que poder extraer materia prima auténtica.
A lo largo de este año parece que comenzarán las obras del futuro teatro escuela de Triana, que contará con una escuela de danza a su cargo ¿Qué siente al saberse con esa gran responsabilidad? ¿Se siente orgullosa de que hayan pensado en usted para la puesta en marcha de este proyecto?
Lo que primero quiero decir es que he sido yo la que ha pensado en ellos y no al contrario. Al principio mi título de danza tenía carácter Superior. Después con la reforma educativa de la Logse se quedó en Grado Medio. Había descendido la categoría pero aún conservaba rango académico. Ahora, sin embargo, me lo han quitado todo. Tengo que volver a empezar desde cero de nuevo. O me dedico a enseñar sevillanas a las señoras y niñas que se acercan por la Escuela o me enfrento a un problema grandísimo, que es el que tengo. La ayuda que me dan es demasiado penosa. Cada año, por ejemplo, hago un curso internacional de danza e intento traer a los mejores profesores y entendidos que existen. ¿Y sabes con la ayuda que cuento? Con poco más de un millón de las antiguas pesetas. Una miseria.
Todo lo que hay aquí ha salido del patrimonio que a lo largo de toda mi vida he conseguido atesorar. Aquí estamos dando clases a personas que están en los conservatorios y que se quieren perfeccionar. Para dar flamenco se decantan por academias donde les hacen patalear y partirse en dos sin darse cuenta de que no les enseñan correctamente las cosas como nosotros.
Por todo esto, hasta que no vea en pie el proyecto del teatro escuela de Triana no me lo voy a creer. Son muchos años pidiendo justicia. Creo que si pido una cita en la Administración me deben recibir por quien soy o, mejor dicho, por lo que ellos me han hecho ser. Soy una mujer educada a la que no le gusta pelear, pero cuando me provocan salto porque sé que la opinión pública sevillana me adora. Estoy convencida de que a otras academias que participan en política no les hacen lo mismo que a mí. Tengo 74 años y llevo demasiados años luchando reclamando algo que me pertenece.
¿Cómo calificaría en estos momentos la relación existente entre el flamenco y las administraciones públicas?
Son muy buenas sobre todo para aquéllos que reciben favores (sonríe). Siento no poder decirte otra cosa. No quiero que se entienda esto como algo contrario a lo que he dicho antes de que ahora los gobiernos se afanan por contribuir todo lo posible al desarrollo del flamenco. Ayudan pero no a todos por igual.
Si no fuese bailaora, ¿qué le hubiera gustado ser a Matilde Coral?
Me hubiera gustado ser monja. Aunque pueda parecer lo contrario me encanta el silencio, el recogimiento y todo lo relacionado con el misticismo.