Durante una semana París es todo glamour. No hay escenario más adecuado en el mundo que la capital francesa para dar a conocer las nuevas creaciones que pasearán por las calles y la costa el próximo verano.
El escaparate perfecto. Una vitrina de luces brillantes, de rostros conocidos que miran extasiados al otro lado del cristal. De maniquíes perfectos vestidos con la máxima exquisitez, de colores, de texturas, de volúmenes, de trasparencias… Un escaparate distinto. El Grand Palais. Es París, solo París, empapada de arte desde el museo del Louvre, hasta el barrio de Montmartre, pasando por el escenario inigualable de su semana de la moda.
Por sus tablas han desfilado, como obras de arte, las propuestas de muchos e insignes diseñadores. Entre ellos, dos que además de insignes, son longevos en esto de la moda. De un lado, la diseñadora Sonia Rykiel que celebró sus 40 años de profesión en París con una cena y un desfile lleno de energía en el que los invitados acabaron de pie arrojando las flores que adornaban los centros de mesa a las modelos. De otro, la firma Maison Martin Margiela, que cumplió la mitad sobre la pasarela. Nada menos que 20 años. Los mismos que la crítica estadounidense Suzy Menkes lleva observando y comentando los modelos que se pasean por las tablas de las más glamorosas citas internacionales.
Fue, una vez más, una semana en la que las grandes firmas trataron de ser reinterpretadas por los sucesores de los que ya no están, como es el caso de Yves Saint Laurent, cuya casa desfiló por primera vez tras la muerte del diseñador. Fue, también, el último desfile de Alessandra Facchinetti para Valentino. Con apenas un par de desfiles para la marca en sus tacones, la italiana fue destituida durante la semana de la moda parisina y sustituida de manera inmediata por Maria Grazia Chiuri y Pier Paolo Piccioli, encargados de la sección de complementos hasta la fecha.
Especialmente emotiva, delicada, cuidada y sorprendente fue la propuesta de Karl Lagerfeld para Chanel. El diseñador, inspirado en la multitud de películas que se están preparando sobre la vida de Mademoiselle, hizo de la pasarela una calle parisina que iba a dar directamente a los primeros talleres de la firma. La rue Cambon dentro del Grand Palais.
Alber Elbaz para Lanvin y Marc Jacobs para Vuitton fueron los diseñadores destacados de esta edición. Ambos se hicieron de rogar hasta la última jornada en la que sus modelos llenaron la pasarela como ningún otro de sus compañeros había conseguido en los seis días anteriores. Dos triunfadores para la jornada de clausura.
Las tendencias, quedaron bien marcadas: para la próxima temporada primavera-verano, no pueden faltar en el armario las faldas y vestidos desestructurados en colores desérticos tales como los tonos tierra o el rojo pimentón; ni tampoco, los pantalones bombachos, que esta temporada serán más estilizados y favorecedores.
Durante toda una semana, los más grandes diseñadores y las más grandes firmas hicieron soñar al mundo con sus creaciones, olvidando, por unos días la atmósfera gris y pesada que se ha cernido sobre el mundo entero con el fantasma de la crisis económica.
