© Copyright Pf Ediciones. Queda completamente prohibida la reproducción total o parcial de imágenes o contenidos de esta web.    30 de julio de 2010
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Coloquio 10
Por Rocío Alcántara López
Última actualización 02/03/2009@11:57:49 GMT+1
La madurez alcanzada por la sociedad en las últimas décadas, el discurrir del tiempo, las nuevas formas de pensar y entender la realidad que nos envuelve y todo el proceso de innovación en el que nos encontramos sumergidos, han hecho que, poco a poco, las mujeres hayamos reclamos alzarnos con igualdad de oportunidades. Diez mujeres reunidas en un entorno inigualable, el Restaurante Bodegas Campos, para reflexionar y debatir sobre nuestro papel en el difícil mundo de los negocios.


Tras varios años de reivindicaciones, y aunque aún queda mucha senda por andar, ya nadie duda del importante papel que desempeña la mujer en el mundo empresarial andaluz. Hoy, hombres y mujeres, que sus empresas son capaces de generar riqueza para la región, crean empleo y son capaces de asumir los riesgos y tomar las decisiones que el ser empresario conlleva. El siglo XXI nos ha traído también un cambio significativo en los escenarios empresariales.

Las estadísticas revelan que las mujeres gestionan mejor el tiempo, son firmes en sus decisiones y muy organizativas. Sin duda tres puntos clave en el perfil de todo directivo. Por ello, es importante que tanto desde la esfera pública como privada se apueste por la promoción de las mujeres desde escalafones inferiores y, por qué no, por su posicionamiento como directivas. Ante este hecho, las mujeres andaluzas se muestran optimistas, ya que un elevado porcentaje considera que en una década protagonizarán una notable mejora en términos de igualdad laboral, aunque son conscientes de que el camino aún está lleno de obstáculos difíciles de salvar.

¿Por qué debe la mujer incorporarse a las altas esferas del mundo empresarial? Son muchos los ejecutivos y directivos que no encuentran fundamentos suficientes que justifiquen la presencia femenina en cargos de responsabilidad superior a los que ellos ocupan. Son muchos los estudios que se centran en descubrir las fortalezas y debilidades que la mujer puede incorporar la mundo de los negocios. En la empresa actual se prima el dominio de la técnica, el instinto creativo, la cooperación entre entidades, la motivación de los recursos humanos, en definitiva, la visión global, lo cualitativo. Esta primacía de la flexibilidad frente a la rigidez, de la visión global frente a la frontal, es lo que fundamenta, sin lugar a dudas, la necesidad de la incorporación de la mujer al mundo empresarial, ya que en el mundo global que nos encontramos nos lleva más hacia estrategias de diferenciación y segmentación, más femeninas, que hacia estrategias de liderazgo en costes, más masculinas.

Lanzando todas estas ideas quiso comenzar el Coloquio nuestra directora, María José Flores. Tras un breve intercambio de opiniones sobre cómo han cambiado las cosas en nuestra sociedad, Mercedes Ibáñez, Licenciada en Derecho y Directora de la marca SsangYong, inició su intervención apelando a la importancia que ha supuesto para la sociedad al completo que la mujer se haya incorporado de forma paulatina al mercado laboral, al que hemos sabido aplicar la sensibilidad especial que tenemos para tratar determinados temas. A nivel personal, quiso compartir con nosotras su experiencia positiva, a pesar de trabajar en un sector considerado, a priori, poco femenino. “A pesar de trabajar en el sector de la automoción, en ningún momento he notado discriminación alguna por ser mujer. Al principio sí es cierto que notas cierta extrañeza por parte de tus compañeros, pero si consigues implicarte y ampliar poco a poco tus conocimientos sobre el tema de tu trabajo las cosas cambian. Si no lo haces, eres tú misma la que te discriminas”, apuntaba.

Celia Carrión, directora territorial de ING N-N, quiso hacer una apreciación. “Al hablar sobre la incorporación de la mujer al mundo empresarial, habría que hacer una diferenciación entre mujeres directivas que trabajan por cuenta ajena y aquéllas que son empresarias”. Las mujeres estamos, en estos momentos, en una posición de igualdad, pero no porque nos equiparemos a los hombre, sino porque hemos reclamado poder tener igualdad de oportunidades. En este contexto, nos lanzó una cuestión de suma importancia: ¿Qué ha supuesto realmente que a la mujer se le haya otorgado esa igualdad de oportunidades para desarrollar competencias dentro del mundo laboral?

“Al incorporarnos al mundo laboral, gracias a nuestras capacidades hemos conseguido aplicar un equilibrio perfecto entre el corazón y la razón a todas nuestras competencias. Y a esto es a lo que se llama inteligencia emocional”. Esto muestra que no es indiferente tener un directivo cualquier en una empresa. El directivo influye directamente en el ambiente de trabajo de la entidad y éste, a su vez, en los resultados obtenidos. No se trata, por lo tanto, de reclamar que seamos mejores o peores, sino de reconocer que nuestra participación en el mundo empresarial ha dejado al descubierto una serie de competencias que hasta el momento permanecían en silencio.

María José Flores tampoco quiso pasar por alto otro aspecto muy importante: la manera en la que los hombres aceptaban que las mujeres ocupasen puestos superiores a ellos. Celia se apresuró a comentar que si había sido compañero antes de ocupar tú un puesto superior, la reacción normalmente no era demasiado buena. “El que te puede hacer sufrir, tu rival, se encuentra dentro de tu entorno” “Si dentro de un grupo promocionas a una mujer, las reacciones son bastante complejas. ¿Por qué? Pues porque es habitual que todos los que estaban en las mismas condiciones tenían un auto concepto mucho más elevado”, apuntó. En este contexto, Francisca Urbano, gerente de Estudios Promocionales, quiso hacer un puntualización. “Los cargos directivos a los acceden las mujeres son menores porque las mujeres siempre tenemos que demostrar las cosas doblemente”.

Por su parte, Marisa Gutiérrez, diseñadora de la firma Matilde Cano, consideraba que el verdadero problema no es otro que la conciliación laboral. El debate estaba servido. La conciliación es, a día de hoy, una de las barreras que hemos de superar las mujeres si no queremos renunciar a un desarrollo profesional pleno. Gloria Solanas, administradora solidaria de Grupo Empresarial Solanas, abogaba porque el verdadero cambio que ha de producirse debe estar protagonizado por el conjunto de la sociedad. “Para que esto ocurra somos las mujeres que cada día nos enfrentamos al mundo laboral las que tenemos que reclamar una forma de trabajo diferente, sobre todo en lo que a horarios se refiere. Cuando entiendan que detrás de los trabajadores hay personas que deben solventar una serie de necesidades, todo será distinto”. A lo largo de la historia, dentro de una familia, la casa quedaba al cargo del que era más generoso, es decir, de las mujeres. Los hombres, por su parte, prolongaban sus jornadas de forma innecesaria para no llegar a casa y evitar, así, adquirir otro tipo de responsabilidades. “Con todos los cambios que nosotras mismas hemos empezado a instaurar poco a poco estamos consiguiendo que sean más los hombres que cada vez pasan más tiempo en casa”.

“Nuestra experiencia es diferente. El 95% de nuestra plantilla son mujeres”, nos explicaba Marisa. “Esto nos ha llevado a jornadas que se adaptan a las necesidades de cada una de ellas. Aunque también es cierto que no existen hombres que quieran trabajar en nuestro sector”, continuó. “Es evidente que las mujeres nos estamos incorporando al mundo laboral pero que aún seguimos teniendo un lastre importantísimo por el que dejamos en manos del hombre demasiadas cosas aún”.

Para Celia también era fundamental que empezásemos a desechar la idea de que existe relación directa entre el número de horas trabajadas y los beneficios obtenidos. “Está demostrado que somos uno de los países con la jornada de trabajo más amplia y, sin embargo, menos eficaces somos”, señaló. En este punto todas estuvimos de acuerdo con que estábamos ante un problema de índole cultura y que nuestros hábitos aún estaban acotados por unas horas determinadas. A pesar de esto, continuó, “aún todo parece estar diseñado por hábitos masculinos, es decir, los hombres siempre han gozado de comidas de trabajo, de sobremesas y encuentros, que les servían como excusa a sus obligaciones familiares. El hábito de trabajar en casa no existía”. En el tema de la conciliación laboral el problema real no radica en si se dispone de recursos económicos para contar con ayuda externa, la cuestión es que el tiempo pasa y las madres se pierden muchos momentos importantes para el desarrollo de un hijo. “Las elecciones que tenemos que hacer son muy duras. Tenemos que pagar precios muy altos para solucionar cuestiones tan sencillas como un simple reajuste de horarios”, concluyó. Gloria se mostró totalmente de acuerdo con que las empresas vayan aceptando que podamos trabajar desde nuestra casa, ya que así uno de los dos progenitores podría pasar más tiempo con los niños.

En este momento del Coloquio, Carmen Sousa, concejal del Partido Popular en el Excmo. Ayuntamiento de Córdoba, nos lanzó una reflexión que, hasta el momento, parecíamos haber pasado por alto. “Estamos cayendo en la reivindicación de que la conciliación es un tema que atañe únicamente a la mujer y no es así. Tendríamos que conseguir implicarlos un poquito más”. A esta idea Gloria respondió que hasta el momento nos habíamos encontrado con hombres que no entendían que sus mujeres pudieran querer trabajar fuera de casa, sino que tampoco aceptaban no ser el centro de todas sus atenciones.

“La mujer no sólo ha tenido que luchar por hacerse un hueco en el mundo empresarial, sino que se ha tenido que enfrentar a una larga lista de prejuicios como, por ejemplo, que se viese mal que fuésemos a tomar café con un hombre para hablar de negocios”, afirmó María José. “El hecho de que hayan sido muchas las mujeres que hayan llegado a puestos de responsabilidad, anima a muchas otras a enfrentarse a todas las barreras necesarias para conseguir una satisfacción profesional”.

Mercedes quiso enriquecernos con su experiencia personal: “Me siento muy privilegiada de poder conciliar mi vida profesional con mi labor como madre y esposa. Tener un horario de mañana me permite disfrutar de mi familia y, además, el extrapolar hace que cuando al día siguiente me vuelva a enfrentar a mis responsabilidades empresariales, tenga una visión mucho más clara de cómo afrontar las cosas”. El hecho de que esa conciliación laboral, tan deseada por todas, en ocasiones no pueda alcanzarse origina que las generaciones futuras de mujeres puedan llegar a ser víctimas de problemas socioculturales de gran calado. Por un lado, son muchas las jóvenes que se resisten a la maternidad y están dispuestas a renunciar a ser madres con tal de no tener que pasar por todo lo que han visto que sus madres han tenido que enfrentar. Y por otra parte, los niños que estamos criando son individualistas, solitarios, egoístas… como consecuencia de pasar tantas horas solos en casa esperando que alguno de sus progenitores encuentre un poco de tiempo para estar con ellos.

Además de aprender a conciliar, las mujeres tenemos que eliminar de nuestra mente esa sensación de estar actuando como malas madres. Ante ello, Marisa nos animó a afrontarlo todo de otra manera. “Tengo tres hijos y es evidente que me he perdido algunas cosas por estar trabajando, pero no creo que la solución fuese que empezara a criticar todo lo que hago para que ellos odien el papel que represento en la sociedad como madre trabajadora. Creo que hay que reconducirles y enseñarles que eso es la cultura del esfuerzo. Considero que debemos intentar compatibilizar esa sensación que a veces tenemos de no llegar a nada, porque quizás llegamos a más de lo que una madre que está en casa está dispuesta a llegar”.

Tras numerosas reflexiones lanzadas sobre el tapiz, María José quiso concluir el Coloquio dejando claro que, aunque aún nos quede mucho camino por recorrer, debemos estar seguras de que las generaciones futuras van a afrontar la situación con fuerza y energía para conseguir aún más logros de los que nosotras, que aún estamos aprendiendo a conciliar, hemos podido alcanzar.

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