Dicen de ella que no es un mero capricho, que es una pasión que, como las demás pasiones, ayuda a vivir y a morir. Es un deber tribal cuya razón de ser es fomentar el respeto a la tribu, a la familia, a la nación… Durante mucho tiempo los antropólogos argumentaron que los actos de represalia mantienen a la gente controlada en aquellos lugares donde no existen leyes formales o éstas no se imponen. A pesar de ello, el doctor Joseph Henrich, antropólogo de la Universidad de Atlanta, sostuvo en un trabajo que “las comunidades estables dependen de las personas que tienen una inclinación nata hacia el castigo de quienes violan las normas de la comunidad”.
A pesar de haberse convertido en los últimos años en epicentro de debates entre psicólogos y de haber atesorado numerosas definiciones, la venganza es, simplemente, la respuesta instintiva natural ante el insulto y la ofensa que hace que la persona consiga ‘empatar’ con quien le agredió. Aunque nos cuesta reconocerlo, la venganza proporciona una gran sensación de placer. Es el disfrute de ver caer a aquéllos que llegaron muy alto a base de engaños y traiciones. Es la sonrisa que se nos dibuja en el rostro cuando vemos a un policía poner una multa al coche de un vecino que no goza, precisamente, de nuestra simpatía. Es la satisfacción de ver que la nueva pareja de nuestro ‘ex’ lo ha engañado después de que él nos fuese infiel con ella.
Misión cumplida
Al llevar a cabo la venganza, la persona considera que el ofensor ha pagado el daño que en algún momento de su vida le hizo. Parece que de esta forma, la dignidad de la victima se recupera y restituye ante el resto de la sociedad. Por lo menos, los recuerdos sobre el mal padecido estarán acompañados, a partir de ese instante, de una sucesión de imágenes de recompensa, que se convertirá en la llave que rompa definitivamente la unión existente, hasta el momento, entre agresor y agredido.
De forma general, la venganza suele planearse en la intimidad, convertirse en el secreto mejor guardado para evitar mostrar la rabia y el resentimiento que albergan en nuestro interior. Pero si está pasión contenida puede llegar a desbordar los límites cuando es un individuo quien planea resarcir su honor, ni que decir tiene lo que puede producirse cuando se trata de un grupo unido por parentesco o de una multitud enfurecida por algún acto que parece injusto; casos en los que la venganza suele aplicarse usando los medios más vandálicos. En numerosas etnias, clanes y tribus la agresión vengativa de sangre alcanzaba consideración de deber sagrado, por lo que cada uno de sus miembros tenía la obligación ineludible de dar muerte al que había asesinado a uno de los suyos. En el pasado feudal de Japón, por ejemplo, la clase Samurai mantenía el honor de la familia de su señor a través del asesinato vengativo o katakiuchi. Estos asesinos podían llegar incluso a involucrar a familiares del ofensor. Hoy, a pesar de que esta práctica se lleva a cabo de forma pacífica, la venganza sigue siendo una parte importante de la cultura japonesa.
Somos tan diferentes…
Y es que en cuestión de venganzas las mujeres somos también muy diferentes a los hombres. Según varios estudios, los varones padecen no sentir ninguna piedad por la desgracia y el dolor que pueda llegar a sentir el infractor. Al contrario… disfrutan como no puedes llegar a imaginar. En cambio, y aunque los hombres piensen lo contrario, las mujeres somos más sensibles y podemos llegar incluso a sentir pena. ¿Es realmente así? ¿O es que las mujeres somos más proclives a otros ‘estilos’ de venganza? Al parecer, es posible que las mujeres disfrutemos más de ella si ésta lleva consigo una pena psicológica o financiera en lugar de física. También se han realizado otra serie de investigaciones sobre los deseos de venganza que han aportado resultados no menos sorprendentes. Los hombres también experimentan la sed de venganza con mayor intensidad que nosotras. Es decir, no estaríamos sólo ante una cuestión de estilo, sino más bien de emociones.
Las mejores
Si eres de las que no tienen muchas ideas para devolver el trago amargo que te hicieron pasar, te damos pequeños consejos para que optes por la que más te guste según sea tu situación. Pero te advertimos que si planeas vengarte, tienes que asumir que todo tiene consecuencias y que una vez llevado a cabo tu plan ya no tendrás posibilidades de arrepentirte.
1.- Infidelidad de tu pareja: lo que más puede dolerle, sin duda alguna, es que le pagues con la misma moneda y eches una canita al aire. Otra de las opciones que te proponemos es que intentes recuperar la relación y consigas que su amor por ti sea cada vez más grande. Luego, para salir ganando, encárgate tu misma de destruir la relación
2.- Traiciones de amig@s: usa todo lo que sabes para atacarle donde más le duela. Cuéntale al resto algún secreto suyo, actúa de forma normal ignorando en todo momento su existencia o hazle sentir tan culpable que su conciencia no lo deje dormir por las noches
3.- Traiciones familiares: estos casos suelen ser más complejos y debes demostrar un tacto mayor a la hora de llevar a cabo tu venganza, ya que puedes encontrarte con el ataque de toda tu familia a pesar de haber sido tú la primera víctima. Para ello, consigue que todos se enteren de su traición, no lo invites a reuniones familiares o critica todo lo relacionado con esa persona, asegurándote de que el resto de miembros ven, al igual que tú, el lado negativo de su comportamiento en todo momento
4.- Rivales y enemig@s: lo primero que debes hacer es ganarte su confianza para evitar que pueda sospechar que quieres atacarlo. Hazte amiga de sus amig@s, con intereses propios; o sabotéale su esfuerzo y trabajo en cualquier oportunidad que tengas, pero siempre siendo amable y cortés
¿Lo sabías?
El proverbio ‘la venganza es un plato que se sirve frío’ proviene de una novela del siglo XVIII titulada ‘Les liaisons dangereuses’, escrita por el oficial francés y General del ejército Pierre Choderlos de Laclos
Por sus rasgos los conoceréis
La personalidad de aquéllos que sienten enormes deseos de venganza en su interior tiene una serie de características definitorias. Toma buena nota y que no te cojan desprevenida:
- Neuroticismo: experimentan fácilmente emociones negativas, inestabilidad del ánimo y una gran sensibilidad a los acontecimientos adversos. Además, tienen una ilimitada predisposición a sentirse ofendidos y enfadados con el mundo que le rodea
- Tienen escasa capacidad para ser amables. Suelen tener conflictos con los compañeros y dificultades para la cercanía en las relaciones y en los compromisos. De la misma forma, su capacidad de empatía es escasa
- Siempre tienen presente las ofensas de las que, en algún momento, han sido objeto. La idea de meditar constantemente sobre ellas les permite recordar sus objetivos de ‘equilibrar la balanza’, ‘darle una lección al ofensor’ o ‘salvar la dignidad’. Esta tendencia está asociada a la incapacidad de perdonar y a perpetuar el malestar